Aceptando el cambio en un entorno ágil

Una de mis metas a conseguir es tener una bonita casa independiente, como diría Murfila, con piscina, con bosque, con todo. Una de estas veces que te quedas dormido y se apoderan de ti tus sueños más profundos, aprovechas el momento para, en tu fase REM, contratar un arquitecto.

Ese arquitecto se va a convertir en tu Neo particular, el elegido que vaticinaba la profecía, que se va a encargar de convertir tu sueño en realidad. Con mucha ilusión, le cuento cómo quiero que sea mi casa en perfecto castellano ya que, como no soy arquitecto ni diseñador, sino un desarrollador perfectamente cuadriculado, pues no sé manejar herramientas para diseñar mi futurible casa. Bien, pues una vez dadas las instrucciones medidas al milímetro, con pelos y señales y, repito una vez más, en castellano, te vuelves a tu hogar a mirar cómo se mueven las manillas del reloj que te avisa cada vez que lo miras que ya te queda menos.

El primer momento

¡Por fin llega el día! Desde tu charla con el arquitecto no has visto nada, no sabes qué hay en ese trocito de terreno que con tanto esfuerzo compraste. Llegas, aparcas y sales del coche. Por supuesto, te llevas a tu mujer, a tu madre y a tu suegra para que disfruten de ese primer momento contigo, mientras tu padre y tu suegro van a por unas cervezas para estrenar la nevera. Tienes una idea muy clara en tu cabeza sobre cómo va a ser tu casa nueva. Te has imaginado allí cientos de veces. De repente, tras tu último parpadeo… ¡zas en toda la boca! (Buzzinga! en inglés).

¡Evalúe los daños, almirante!

Sí, tu casa tiene cocina, salón, las habitaciones que pediste, más o menos con las medidas que querías… ¡pero no es la casa que tantas y tantas horas de sueño te ha robado! No es esa casa en la que te imaginabas jugando con tus hijos, haciendo una barbacoa con los amigos. Siempre la has imaginado con la fachada principal en ladrillo envejecido y te han dado una con monocapa. Además, ¿qué es ese diseño cuadrado moderno? ¡Pero si yo soy más clásico! Con el dinero e ilusiones que he invertido en mi casa nueva… Por supuesto, me voy corriendo a pedir la cabeza del insensato que ha cometido semejante crimen.

¡Pero si tiene todo lo que me pediste!

Cuando llego a su lado me dice: – Juanma, ¡esta es tu nueva casa! Tiene todo lo que me pediste y, como eres un tipo majo y te molan las tecnologías, le he dado un punto moderno para distinguirla de las casas de tus vecinos. Durante el proceso – prosigue – tuve que tomar una serie de decisiones sobre la disposición del garaje y la cocina, espero que no te haya importado.-

El arquitecto, ese hombre que hace un tiempo era mi Neo particular, ahora se ha convertido en mi Moriarti. Después de blasfemar en hebreo consigo recobrar las fuerzas suficientes para controlar mis más primarios instintos y comienzo a escuchar su explicación. Después de un rato de bla bla blas me doy cuenta de que Moriarti, efectivamente, ha seguido mis indicaciones al pie de la letra y, cuando ha tomado una decisión que no me ha gustado, es porque no ha quedado otro remedio. Seguramente dentro de mis peticiones hubiera algunas que fueran incompatibles y, como yo no soy arquitecto, pues no he caído en la cuenta. Además, el castellano, como buena obra humana, contiene errores y ambigüedades, así que comprendo que por más que me esforzara nunca podría llegar a darle una explicación exacta de lo que había en mi cabeza.

Así que nada, termino de soltar la pasta por mi nuevo engendro, digo casa. Se me queda un poco cara de tonto por darme cuenta de que he sido yo mismo el responsable de que mi casa no sea lo que yo quería, ese sitio en el que tantas veces he estado durante mis fases REM. Ahora, si quiero cambiar algo para adaptarlo a mi idea, toca invertir más dinero. Aunque primero tendré que ver si dispongo de ese capital…

Es momento de reflexionar

Comienzo a pensar en cómo podría haber obtenido mi casa, esa casa de mis sueños. El primer error fue pensar que mi descripción fue todo lo clara y precisa que necesitaba ser. Siempre, y esto es algo que nunca aprendemos, siempre quedan cosas por explicar, por decir, por definir. Pero como estamos inmersos en nuestro sueño particular, no nos percatamos. En toda comunicación es frecuente que haya ruido e interferencias, e incluso que lo que estoy expresando no sea todo lo fiel que debiera a lo que estoy pensando. Y encima doy por hecho que el receptor de mi mensaje va a interpretar todo como yo quiero.

Además, no he visto ni una sola vez cómo iban las obras de mi casa. Dejé un documento de 400 páginas al arquitecto con las cosas que quería y le solté en la selva. Claro, en esas condiciones Neo se vio obligado a tomar una serie de decisiones que, encima, han incrementado el precio final de mi casa. Total, tengo una casa que no es mi casa y me ha costado más dinero del que había acordado.

Otra forma de hacer las cosas

¿Qué habría pasado si, en lugar de intentar detallar todo al milímetro desde el principio, hubiera ido trabajando en el diseño de mi casa con el arquitecto día a día? En ese caso, si me presenta algo que no me gusta, estamos a tiempo de cambiarlo. Además, dejaríamos esas pequeñas cosas que surgen en el día a día bien atadas, y no delegaría en él una responsabilidad de decidir sobre ciertos aspectos que es sólo mía. Sí, es cierto que no es la forma habitual de hacer las cosas, pero creo que hubiera sido un acierto.

¿Y si hubiera pasado por mi obra, por ejemplo, cada dos semanas? De esa forma, iría viendo el progreso de mi casa poco a poco y, todas esas ideas nuevas que se me fueron ocurriendo durante el tiempo de construcción, podrían verse reflejadas en mi casa. Además, si detectara que algo se está alejando de mi idea primigenia, hubiera estado a tiempo de remediarlo.

Por último, si hubiera hablado de vez en cuando con los albañiles y me hubiera preocupado de los problemas que se hayan podido encontrar mientras levantaban mi casa, seguramente habría errores que no se hubieran cometido.

Llamemos a las cosas por su nombre

De repente, despierto de mi sueño. ¡Menos mal! ¡Nada de eso había sido real! Es entonces cuando empiezo a establecer relaciones entre mi sueño y el mundo real. La forma en la que se desarrolla el proceso de creación de mi casa, sí, esta tan moderna, es un resumen del modelo waterfall o desarrollo en cascada que tanto se usa en el desarrollo de software. Es un proceso rígido, muy poco dirigido por el cliente y, a menudo, contiene errores de especificación e imprecisiones. No es adaptable a los cambios e impide al cliente ver su producto hasta que está totalmente terminado.

El otro lado de la balanza corresponde a una primera aproximación a Scrum. Como vemos, el proceso es más adaptativo, acepta cambios de requisitos en casi cualquier momento, por lo que si la especificación no es exacta al principio, cosa que suele pasar, no hay problema, se termina de perfilar cuando sea necesario, y no antes. Además, damos por hecho que, como seres imperfectos que somos, cometeremos errores, pero si inspeccionamos el trabajo en ciclos cortos, los detectaremos antes de que sea demasiado costoso arreglarlos. Además, se establece un clima win-win (todos ganamos) de colaboración entre cliente y proveedor.

¿Y tú? ¿Eres waterfall o abrazas el cambio?

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Acerca de juanmagomez

Acerca de mí tengo un teléfono, mi portátil, el ipad y esas cosas.

Publicado el abril 15, 2012 en Agile. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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