Las cosas difíciles

– Pechu, hoy quiero hablarte sobre algo que no entiendo bien y necesito de tus sabias palabras para tratar de comprender.

– Vaya… ¿y qué es eso de lo que me quieres hablar? -me responde ella.

– De las cosas. Como ya sabes, hay cosas en la vida fáciles, otras muy fáciles, otras normales, raras, extrañas, usuales, inusuales… y también hay cosas difíciles.

– Sí claro, qué listo, igual que hay personas altas, bajas, rubias, pelirrojas… ¡vaya descubrimiento!

– Efectivamente -la respondo-. Pero, ¿qué hace que las cosas sean difíciles?

– Bueno, imagino que su propia naturaleza, todo depende del esfuerzo que tengamos que poner en conseguir esas cosas… – dice, intentando cerrar la conversación porque está viendo una película que la gusta.

– Desde luego ese es un punto de vista, pero voy un poco más allá. He descubierto algo que es muy sencillo pero a la vez muy difícil -lo dejo ahí para mantener un poco el misterio y que vuelva a centrar su atención en la conversación- .

– ¿Y este punto que te ha dado? -responde, ocultando su interés por ese misterio que llama poderosamente su atención-.

– Ser humilde. Es muy sencillo conocer nuestras debilidades, pero tremendamente difícil admitirlas, sobre todo cuando tenemos que hacerlo frente a los demás. Y eso es normal pero, ¿por qué es tan difícil? -vaya tostón le suelto-.

– En el fondo es una cuestión de inseguridad -toma jeroma-.

– ¿Y qué provoca esa inseguridad? -le digo mientras pongo los mismos ojos que Holmes le pone a Whatson cuando espera la respuesta clave-.

– ¿Nuestros propios miedos? ¿El miedo a equivocarnos y a ser juzgados por ello?

– ¡Exacto! Nuestro peor juez somos nosotros mismos. No hay nadie que sea tan crítico con uno mismo que uno mismo. Y es tendencia natural extrapolar nuestra forma de ser a los demás, temiendo que las personas que tenemos a nuestro alrededor vayan a emitir un juicio similar al que emitiríamos nosotros mismos sobre nuestra propia persona -eso por haber preguntado -.

– Estoy de acuerdo. Ahora déjame seguir viendo la peli… -pone cara de gatito de Shrek-.

– Vale Pechu, sigue disfrutando de “La madre del novio -no puedo resistirme a esa carita gatuna-.

A veces, nuestros propios juicios personales nos impiden ver cuándo aparece alguien en nuestro camino con la única voluntad de ayudarnos a crecer en lo personal, en lo profesional, etc. Como dice alguien a quien admiro mucho, no dejes que los árboles te impidan ver el bosque. Y ese es el problema, que los árboles nos impiden ver el bosque. Lo bueno es que esos árboles los ponemos nosotros mismos y, por tanto, también podemos “talarlos”. En el momento en que admitamos que tenemos una vida entera por delante para seguir aprendiendo, entenderemos que el mayor aprendizaje lo obtenemos de nuestros propios errores.

Por tanto, para aprender, lo normal es que primero nos equivoquemos, y por tanto un buen paso es naturalizar ese error. Quizá el primer paso sea reconocernos ese derecho, el derecho a no hacer las cosas de la mejor manera posible a la primera, ni a la segunda, y seguramente ni a la tercera.

Ser humildes nos hace humanos.

Anuncios

Acerca de juanmagomez

Acerca de mí tengo un teléfono, mi portátil, el ipad y esas cosas.

Publicado el septiembre 4, 2012 en Conversaciones con Pechu. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: