Malditas sean las costumbres

Sentado en el AVE de vuelta a Madrid he pensado en las cosas que he vivido estos días. Y ha venido a mi mente una frase que he escuchado muchas veces a mis padres: “A lo bueno nos acostumbramos rápido, pero a lo malo no”. ¿Te suena a ti también? Seguro que sí, estoy convencido de que es una de esas “Frases de padres”. ¿Y qué tiene que ver esta frase a estas horas de la tarde (son las 20:10 cuando escribo esto)?

Algo que llevo observando desde hace tiempo es que, los seres humanos, tendemos a naturalizar las cosas que se convierten en hábitos o costumbres. Si estoy habituado a que a mi alrededor huela bien, llega un punto en que dejo de darme cuenta, y ese punto es cuando lo naturalizo y lo asimilo como algo normal, algo que no puede ser de otra forma. Y llega le día en que voy al típico bar que huele a fritanga y se activa mi chip antinatural. Después de ese momento fritanguero, vuelvo a mi sitio de buen olor, donde me siento protegido, y redescubro lo bien que huele allí. – ¡Ostrás! ¡Este olor ha estado siempre aquí conmigo y desde hace tiempo no me he dado cuenta! -.

Evidentemente, no todo lo bueno es tan bueno, y por supuesto no todo tiene que ser perfecto. La imperfección es lo que hace realmente bello cada momento.

La forma en la que calculamos el valor de las cosas

En más de una ocasión (de una, de dos y de tres) he tenido la oportunidad de pararme a pensar cómo algunas personas establecen una escala por la cual miden sus propias acciones. Para esas personas, todo lo bueno que tienen es algo que llevan tan naturalizado que lo ven para sí mismas como algo exigible, y es en ese punto en el que dejan de darle el valor que se merecen. Sin embargo, cualquier tipo de fallo o cualidad negativa, por pequeña que sea, resta, siempre resta. ¿Y todo esto por qué? Porque esas personas no hacen más que cosas que les engrandecen, y por eso las naturalizan, se han convertido en un hábito, mientras que las cosas no tan buenas no, y por eso les asignan valor.

Esta misma situación se da cuando, en nuestro trabajo, estamos bien. Poco a poco reconstruimos el mundo que está alrededor nuestro, y pensamos que el resto de sitios sólo pueden ir a mejor. Y cuando damos ese paso es cuando nos damos cuenta de las cosas que son distintas, de todo lo que cambia.

¿Es a caso esto un alegato contra el cambio?

En absoluto, es sólo una llamada de atención. Es sólo un pequeño golpe en el tu puerta para que dejes de leer esto, mires a tu alrededor, y comiences a dar la importancia que se merece a todas esas cosas geniales que te rodean y que te caracterizan. Sí, comencemos a cambiar nuestra vara de medir. Sumemos con las cosas buenas en lugar de restar con las malas, y así seremos un poco más justos con la vida, con nuestro entorno y, en general, con nosotros mismos.

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Acerca de juanmagomez

Acerca de mí tengo un teléfono, mi portátil, el ipad y esas cosas.

Publicado el marzo 21, 2013 en Agile. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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