Visitar un museo y desarrollar software es lo mismo

En mi casa se da una circunstancia curiosa, y es que vivimos dos personas totalmente distintas, como el día y la noche. A mí me encanta el mundo del desarrollo de software y las nuevas tecnologías y a Pechu el arte, así que imagínate lo complicado que es poder hacer algo junto cuando no existe intersección posible entre esos dos conjuntos (sí, Pechu no considera arte nada relacionado con la tecnología, es una clasicorra). Al final, buscando, pensando y bebiendo llegué a una conclusión: ¡es lo mismo desarrollar software que visitar un museo!

Tras llevar un tiempo viendo cuáles son algunas de las problemáticas que nos encontramos cuando desarrollamos software, y sabiendo que vienen desde la toma de algunas decisiones cuando se está planificando el proyecto, me di cuenta que esas decisiones tienen mucho que ver con las que tomamos cuando visitamos un museo.

Pongámonos el gorro de artista

La verdad es que no soy muy asiduo de los museos pero, sorprendentemente, recuerdo qué variables debía tener en cuenta: el tiempo que tenía disponible para visitar el museo, el tamaño del museo, el coste de la entrada y de alguna exposición con coste añadido y, muy importante también, mis ganas.

Las restricciones

El tiempo

Lo primero que me preguntaba era el tiempo que tenía disponible. ¿Suponía el tiempo una restricción fuerte para mí o no? ¿Podía tirarme todo el día en el museo o tenía algún plan para después que limitara mi tiempo disponible?

El alcance del museo

La segunda variable a tener en cuenta era el tamaño o alcance del museo. Evidentemente no es lo mismo visitar una pequeña exposición de un artista en una galería que recorrerte el Museo del Prado (si digo alguna sandez, espero que me puedas perdonar, soy informático). A priori, cuanto mayor sea el lugar a visitar, más tiempo necesitaré para verlo, ¿verdad?

El coste de la entrada

Creo recordar que, en algunos museos, a parte del coste normal de la entrada, hay ciertas exposiciones que pueden tener un coste añadido. Por tanto, a la hora de tomar la decisión si visitarlas o no, deberé tener en cuenta si tengo el dinero necesario para pagarlo y, en caso afirmativo, si lo que espero obtener a cambio merece la pena el desembolso adicional.

Mis ganas

Y por último, que no menos importante, tenemos las razones por las que visito ese museo, mis motivaciones. ¿Qué me mueve a visitar ese museo? ¿Qué espero obtener de esa experiencia?

Vamos manos a la obra

Tras pensar en estas cosas, como soy un ansias, me enfrento a la siguiente situación: para un día que tengo libre, aprovecho para quedar con un montón de amigos, cada uno a una hora, por lo que me queda una hora disponible para visitar el museo. Evidentemente, no me voy a una pequeña galería, ya que voy lo hago a tope, así que me voy al Prado. Y, ¿cómo voy a irme sin haber visto algo? ¡Tengo que verlo todo! Resultado: salgo del museo estresado, sin haberme parado a observar detenidamente ninguna obra y con la sensación de haber desperdiciado una valiosísima hora de mi vida y muchísima energía.

Entonces me pregunto: ¿qué era de verdad importante para mí? ¿Visitar todo a toda costa? ¿Visitar menos cosas pero disfrutando de ellas? ¿Aprovechar cada euro en mi bolsillo al máximo?

¿Pero qué tiene que ver esto con el software?

Cuando empezamos a hablar de un proyecto, en ocasiones los equipos de desarrollo se encuentran con la siguiente situación: hay una fecha fija para entregar (normalmente corta), un alcance innegociable (normalmente largo) y una inversión perfectamente definida (no hay para ver exposiciones extra). Es decir, nos vamos al Prado con tan sólo una hora de tiempo disponible, con la obligación de verlo todo, y con el dinero de la entrada justo y con la presión de que nuestros amigos nos estarán esperando a la salida para que les contemos con pelos y señales y sin cometer el más mínimo error, todo cuanto atesora el Museo del Prado en su interior. Totalmente comprensible, ¿verdad?

¿Y qué podemos hacer para remediarlo?

La respuesta a esta pregunta está en cada uno, ese que conoce y entiende la realidad en la que vive. Pero sí tenemos herramientas a nuestro alcance para ayudarnos a encontrar la respuesta. Si echas un vistazo al Inception Deck seguro que encuentras algunas ideas que te ayuden a mejorar, poco a poco, la gestión de tu proyecto.

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Acerca de juanmagomez

Acerca de mí tengo un teléfono, mi portátil, el ipad y esas cosas.

Publicado el abril 17, 2013 en Agile, Desarrollo de Software. Añade a favoritos el enlace permanente. 2 comentarios.

  1. Jajjaaa, muy bueno, Juanma, me ha encantado.

    Me alegra leerte, y más en un post tan original.

    Muy de acuerdo en la analogía: al final surge la misma situación y frustración en cualquier tipo de situación donde, tirando de tópico, no se gestionen de manera adecuada las diversas expectativas existentes: las del visitante-equipo, la de los amigos-stakeholders, etc..

    Aunque en algo no estoy de acuerdo: yo sí creo que hay mucha intersección entre el desarrollo y el arte. Sin ir más lejos, ésa era una de las típicas máximas del tío Jobs 😉 (http://submittedforyourperusal.com/2010/02/10/the-intersection-of-technology-and-liberal-arts-or-why-apple-is-so-successful/).

    Y si eso no le convence, enséñale este post de Alistair Cockburn, donde se asocia el desarrollo iterativo e incremental a la creación de obras como la Capilla Sixtina y el trabajo de artistas como Van Bruegel el Viejo ;-): http://alistair.cockburn.us/Incremental+means+adding%2c+iterative+means+reworking

    Un abrazo, compañero del metal 🙂

  2. ¡Hola Isidro! ¡Qué alegría leerte! 😀

    Lo que comentas del arte y el desarrollo lo vemos nosotros, los desarrolladores, pero eso díselo tú a una restauradora de arte, que se mea de la risa, ¡te lo aseguro!

    Me alegro de que te haya gustado la analogía. La verdad es que dando clases de matemáticas a adolescentes, como tantos años he hecho, te das cuenta de la cantidad de referencias en nuestra vida diaria que puedes tomar para traer a la tierra esas cuestiones que, a priori, nos parecen más abstractas.

    ¡Un abrazo metalero enorme!

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