Zona de confort, zona de aprendizaje y zona de pánico

Por recomendación de Edu adquirí el libro “Coaching. El arte de soplar brasas“. En él, Leonardo Wolk nos dice que “… el coaching nos permite pasar de un estado de aprendizaje A a otro estado de aprendizaje B…“. Cuando, como Agile Coaches comenzamos a descubrir el camino del coaching, hay algunas cosas que conviene tener muy en cuenta para conseguir el éxito que nuestros coachees necesitan: hay algo más allá de la zona de aprendizaje.

Zona de confort y zona de aprendizaje

Hasta ahora, algo que me he ido preguntando es ¿por qué hay personas que se cierran a adquirir nuevo conocimiento? He probado de todo: ofrecer mi ayuda de manera muy suave, apretar hasta que duela… Al final todo tiene un punto en común: en esas ocasiones no fui capaz de llevar a las personas a sus zonas de aprendizaje.

Llamamos Zona de Confort a ese lugar, esas costumbres que nos hacen sentir cómodos, seguros. Ahí ponemos en práctica las facultades que sabemos que tenemos, aplicamos nuestros conocimientos sin correr ningún tipo de riesgo. Y, la verdad, suena muy bien, si no fuera porque esa zona de confort es limitante. Estamos tan agusto ahí que nos da pereza movernos, pero ese lugar nos priva de adquirir nuevos conocimientos, un nuevo aprendizaje.

Llamamos Zona de Aprendizaje a ese lugar que es nuevo para nosotros, en el que nos sentimos un poco desprotegidos. Sabemos que hay cosas por descubrir, ahí sentimos incertidumbre, y nos vemos obligados a desarrollar nuevas herramientas y estadios de conocimiento para salir de esa incertidumbre. Es como el descubrimiento de un territorio nuevo. Una vez descubierto, ya lo hacemos nuestro y, de esa forma, ampliamos nuestra zona de confort.

La verdad está ahí fuera

Imaginemos a alguien que está aprendiendo a nadar. Escojamos entre dos opciones para enseñarle: en una piscina o en medio del mar. ¿Qué opción escogemos? ¿Por qué? Si pensamos en la piscina sabemos que estamos en un lugar controlado. Desde cualquier parte de la piscina, la persona que está aprendiendo a nadar puede ver los bordes, que identifica como puntos seguros. A ellos puede agarrarse para mantenerse a flote. Ha dado un pasito hacia su zona de aprendizaje sin perder de vista su zona de confort, algo que, en momento de pánico, puede servir para retomar el control de la situacón.

Sin embargo, la opción del mar diluye esas zonas de recuperación de control. Si nos situamos en medio de un mar lo único que seremos capaces de ver es agua, sólo agua. Estamos aprendiendo a nadar y lo único que somos capaces de ver es la amenaza: el agua. Sabemos que en algún momento nos cansaremos de nadar, de luchar y, para ese momento, ¿dónde hay algo en lo que sujetarme? Sencillamente, no hay. Irremediablemente entramos en modo de pánico, y ahí, instintivamente, nos volvemos una auténtica fortaleza, generando todos los límites posibles a nuestra expansión. Entramos en posición de defensa porque estamos en la Zona de Pánico.

Nuestra manera de acompañar

Tradicionalmente extrapolamos nuestra forma de ser y de responder a los demás. Pensamos que, frente a una situación dada, las personas a nuestro alrededor van a reaccionar como reaccionaríamos nosotros. Y la experiencia nos dice que no podríamos estar más equivocados. Cada uno de nosotros tenemos nuestro ADN personal, forjado por nuestro sistema de creencias y la experiencia acumulada. Ese ADN es único y, por tanto, sería recomendable no esperar encontrar un clon nuestro, de la misma forma que no esperamos verlo cuando vamos caminando por la calle.

Estoy seguro que cualquiera de nosotros somos capaces de identificar nuestras zonas de confort, aprendizaje y pánico. Un error muy común en los que empezamos es pensar que las personas a las que coacheamos comparten con nosotros esas zonas, y eso nos lleva en innumerables ocasiones, sin darnos cuenta, a trasladarlos a sus zonas de pánico. Y es ahí donde, como hemos visto, nos ponemos en modo defensivo frente a la amenaza de lo desconocido. Esto nos lleva a imposibilitar ese tránsito de la zona de aprendizaje A a la zona de aprendizaje B.

Conozcamos cuáles son los límites

Los coaches principiantes como el que suscribe, en el momento de coachear, ponemos el foco en eso, coachear, pero no nos damos cuenta que quizá sería recomendable empezar realizar una exploración de los límites de nuestro coachee. Eso nos dará pistas de dónde se sitúan sus zonas de confort, aprendizaje y pánico, y de esa forma minimizaremos el riesgo de llevarles hasta allí, las zonas de pánico. Acompañando en la zona de aprendizaje conseguimos aportar al coachee lo que realmente necesita. Llevemos a quien quiere aprender a nadar a una piscina pequeña, donde sólo se sienta un poquito incómodo, donde pueda expandirse con un nivel de riesgo controlado, controlado por él mismo.

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Acerca de juanmagomez

Acerca de mí tengo un teléfono, mi portátil, el ipad y esas cosas.

Publicado el agosto 23, 2013 en Agile, Coaching. Añade a favoritos el enlace permanente. 3 comentarios.

  1. Al principio del verano, mi hijo pequeño, “niño2”, se negaba en redondo a meterse en el agua de la playa junto al resto de niños. Él ya ha nadado antes en piscina y con manguitos, pero aquella situación, por novedosa o porque el mar es mucho más grande que la piscina de casa, o por las olas, o por lo que sea, le resultaba absolutamente aterradora. Pero él quería estar con nosotros en el agua porque la alternativa era quedarse solo en la orilla. Y gritaba y lloraba para que nos apiadásemos de él. Hasta que un buen día no hice de coach con él sino de mentor: le puse los manguitos, lo abracé y nos metimos en el agua. Él gritaba y suplicaba que no lo hiciera. Al cabo de un par de días experimentando estas sensaciones extremas, para un niño de 4 años lo son, niño2 me pide todos los días que no me olvide los manguitos y tengo que pedirle todos los días que no se aleje demasiado de la orilla y que salgamos ya porque tenemos la piel fría y arrugada. 🙂

    • Grandísima experiencia Jose. Creo que tus brazos se convirtieron en el anclaje de seguridad que tu hijo necesitaba, aunque sea muy pequeño para quizá verlo. Quizá el ejemplo de “enseñar a nadar” es un claro ejemplo de mentoring, como indicas.

      Un abrazo grande.

  2. Elías Sharon Jirikils

    Yo creo que la meta es un nivel alto de abstracción es decirr, el hecho de entender a los demás más alla de la justiifficación, no todas las personas responden bien en situaciones controladas, ya que hay personas que se sienten vivos gracias a la magía del riesgo. No creo que exista un método correcto para hacer las cosas, ni bueno ni malo a nno ser que sea algo intencional. Uno aprende cuando se jusga pero no solo de manera emosional si no de manera interna, al igual que creo que las personas crecen por el echo de verse en situaciones en las cuales el razonamiento es sobrepasado por las emociones. Cuando uno reacciona por instinto, es como cuando uno no esta en sus cabales y por ende pierde el esfinter de la razón. Uno no puede enseñarle a otro como debe experoimentar la vida. Como dice el provervio chino “no hay mejor maestro que la mano quemada al fuego”, esto solo tiene sentido para quien no perdona, ya que de la mano del perdon viene el olvido. Pero a su vez sabe vivir con sus agresiones internas. No es bueno el reproducir lo que otro explaya ya que da a entender una falta de diano-etica gigante. Toma lo que encuentras concreto, razonalisalo y crea tu proopiia verdad. Y no olvides que en la simplesa vive la felicidad, que quien requiere del aprendizaje nunca lo pudo pillar, ya que este siempre se mueve más rapido que nuestro deseos XD

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